Fernando Fabián Escribano Bravo

29/11/09

Marioneta esbelta


Estábamos el otro día en casa con unos amigos y al final la conversación derivó en juguetes eróticos. Mientras yo traía la cena oí como sugerían a mi pareja comprar alguno. Estaban hablando de vibradores y otros cachivaches. La verdad es que aunque había algunas palabras y objetos que no conocía, intenté seguir la conversación lo mejor que pude mientras entraba y salía de la cocina, y sugerí comprar uno. Dije exactamente: Mila nos podríamos regalar uno pequeño para probar. Mi pareja saltó, como movida por un resorte: ¡pequeño no, uno grande! y siguió hablando como si hubiera dicho la cosa más normal del mundo. Lo primero que cruzó por mi mente fue: pequeño, no. Pequeño, ya tenemos.

Yo no es que quiera presumir de grandeza, pero un aprobado más o menos alto, creo que tengo. Llevamos seis años de relación, desde que yo tenía veintinueve, y pensaba que las cosas estaban bien, de frecuencia y de tamaño. No podía explicarle la duda existencial tan importante que me había suscitado. No estaba yo para usar una herramienta, que sabes que a lo mejor (o a lo peor) no es la adecuada, pero te conformas, porque no tienes otra cosa. (Mientras no te compres una grande, claro). Para poder estar tranquilo después de cenar y despedir a los invitados y antes de ir a la cama, decidí tomar medidas para confirmar lo que yo necesitaba saber, y que sería muy útil en caso de una compra que parecía inminente.

Comencé usando medidas femeninas, o sea el metro de la costura. Era difícil y complicado por la flacidez de ambos elementos. Mila me llamaba desde la cama, pues no entendía qué hacía tanto tiempo en el cuarto de baño pequeño (¡vaya nombre! No me había fijado nunca). Miré a los dos rivales alternativamente y pensé: la gente lo hace y va presumiendo por ahí. Aunque no sea para presumir, tengo que intentarlo. Va por ti, Mila, y seguí con mis intentos. El metro amarillo intentaba seguir al rosa, pero este se deslizaba hacia sitios que yo no sabía que alcanzaba a esconderse. Podíase decir que eran dos enemigos irreconciliables. En este punto me puse a considerar y me planteé una apreciación técnica. Imagino que las medidas habría que tomarlas en un estado de plenitud medianamente aceptable y en caso de no superar el mínimo intentaría conseguir lo más que se pudiera.

Sin darme cuenta y concentrado como estaba en la tarea, había conseguido un rosa morcillón que servía para hacerme una idea. En caso de que no funcionara, también contemplé la posibilidad de ir y volver en mitad de todo, pero parecería muy raro. También lo puse en la encimera, al lado del lavabo, pero entre que no me podía acercar lo suficiente y lo pequeño del espacio (otra vez pequeño, qué palabra) lo tuve que dejar, aunque el espejo me doblaba la imagen, ficticia claro. Después de un rato, de dos intentos fallidos y dos llamadas más de mi pareja con disparatadas intenciones decidí probar otra cosa.

Pensé que si por lo menos uno de los dos estaba en forma sería más fácil, así que acudí a mi caja de herramientas. Tengo una regla metálica donde vienen las medidas en centímetros y en pulgadas, y continué con mi investigación. Un poco de lío con los números, entre los centímetros y las pulgadas, pero al final parecía que era más o menos lo que yo pensaba. Ya en este momento y animado por unos resultados provisionales medianamente satisfactorios, había logrado un rojo tensión. No obstante noté que al aplicar el medidor, y que según la presión en la base, aquello cambiaba de medida. ¿Cómo se medía y qué presión era la ideal? Si apretaba más, aquello se disparaba de medida y si lo dejaba flojo, faltaba. Otro punto a tener en cuenta: la base no es plana. Está como en cuesta. ¿Desde dónde mido? Si mido desde muy lejos ¿tendría que calcular el ángulo de desviación?

Un rato después y con tanto ver y mirar y creerme, había conseguido lo máximo: el grafito brillante. La medida no la tenía muy clara pero quería creer que era aceptable. Ahora el dilema era: qué hacía con aquello. Si volvía a la cama, llevaba mucha ventaja y podía parecer egoísta, aparte de raro cuando menos. Tampoco podía acostarme con la tienda de campaña montada porque sería una provocación y no estaba muy seguro de un triunfo tan aplastante. Si me esperaba allí, con mi ego tan subido, aquello podía durar mucho tiempo. Así que opté por enfriar mis ardores y empezar desde cero, ya con un ego de tamaño medio alto que es como yo pensaba en un principio, antes del metro de coser.

Por las prisas abrí el grifo al máximo, con lo que me salpicó todo el pijama de abundantes gotitas. Cerré el agua y aquello quedó en grafito brillante perlado de sudor, lo cual era peor.

Sin saber qué hacer, ni cómo solucionar el desaguisado, volví a la habitación desmoralizado, sin estar muy seguro de un número del que poderme sentir orgulloso y con aquello preparado. El panorama que me encontré fue el siguiente: Mila dormía viendo la tele y asiendo el mando con las dos manos como si se lo fueran a robar. (Aunque era pequeño, vamos, de tamaño normal, creo yo). Intenté quitárselo con cuidado para no despertarla. Y mientras la miraba, observé la cara de placidez que tenía. Nunca la había visto así, tenía una cara de satisfacción… Miré a la tele para ver qué estaba viendo y sorpresa. En la teletienda anunciaban una y otra vez un alargador de pene.

Ver.: 1.4 -29 de noviembre de 2009 - Fe Bravo

25/11/09

El cuarto secreto

Carla y las niñas acaban de irse. Iban de compras. Al salir han dicho sonrientes “ahora volvemos”. Ese, ahora, nunca ha sabido cuanto tiempo representa en realidad. Puede ser un par de horas, tiempo en el que volverían desilusionadas por no haber encontrado lo que iban buscando, (todo el mundo sabe que en dos horas no se puede encontrar nada de ropa). Pueden ser cuatro horas, tiempo normal, o más de seis horas, entonces vuelven sonrientes y muy, muy cansadas. Cuando mi madre venía a recogerme a casa de mi abuela, ésta me decía “no vuelvas hasta que no traigas nietos” A mi eso me parecía mucho tiempo, pero seguro que mi abuela nunca fue de compras.

Me he quedado solo. La casa tiene una tranquilidad desacostumbrada, ni ella ni yo nos acostumbramos a estos cambios bruscos de humor, caseros. No se oye ninguna música proveniente de una habitación donde no hay nadie. Cuando las niñas están en casa ponen música en su habitación, pero como ellas están en otro sitio, la música debe de estar muy alta para que puedan oírla. Además, son dos músicas distintas. ¿No sería más fácil, y más lógico, poner la música en la habitación en la que estés? Creo que soy el único que piensa así.

En el silencio forzado de mi salón me empiezo a preguntar porqué tanto tiempo en el cuarto de baño, las tres juntas… Yo cuando entro al lavabo no me gusta que esté mi amigo Gustavo, viéndome hacer todo tipo de esfuerzos y poniendo caras raras, lo mismo de dolor que de alegría, ni sufriendo la contaminación acústica y ambiental que en ese reducido espacio se da. Y eso que me llevo muy bien con él. Somos amigos desde hace muchos años; a lo mejor por eso no querría obligarle a que me acompañara en esos momentos de dolor y de gozo. Las mujeres lo utilizarán para hablar, no creo que contaminen en comandita.

Mientras pienso esto voy avanzando, como hipnotizado, hacia el gran reducto. La atmósfera por momentos se va enriqueciendo de perfumes variados y cada vez más fuertes. Entro. Huele a una mezcla de vapor de agua condensado, cine de barrio y a el Corte Inglés de Princesa. Todos los botecitos hace unos momentos activos y vívidos, descansan ahora de su estresante pasado.

Unos sudando perladas gotas vapor de agua, otros recomponiendo su estructura gelatinosa original, y todos contentos por el buen trato recibido y la consideración con que han sido tratados. ¡Vaya chollo de trabajo! sólo trabajan uno o dos días a la semana y están bien considerados. Aunque eso si, a veces viajan mucho, en condiciones climáticas adversas y son usados, a destajo por un montón de gente desconocida y cuerpos sin un mínimo de experiencia en el tema. Unos rizos americanos de colores chillones me miran con extrañeza, como si estuviera violando una zona privada. Más parecen vigilantes jurados de discoteca de moda del centro, que toallas de baño. Están húmedas y medio sucias, pienso para mis adentros, mientras se me pierden por el rabillo del ojo.

El mármol del baño ha sido minado a conciencia. Algunos botecitos de peor lustre han sido colocados bajo el espejo, pegados a la pared, como si fuera un paredón para eliminar a los más antiguos y de colores más discretos. Imagino que serán los que han sido sustituidos por otros de mayor actualidad y componentes más extraños. Un bote alto y esbelto, llama mi atención. lo miro - champú al huevo –

Mi champú no es a nada. Será al jabón, digo yo. Cuando no pone nada, también limpia. Imagino que será como los genéricos, que curan pero sin marca. Otro bote lánguido y transparente, con el líquido viscoso escurriendo aún por sus paredes lacias, tose disimuladamente.

Leo en su cara - Suavizante para el cabello -. Imagino que para mis cuatro pelos también valdría, aunque… ¿no se queda el pelo suave cuando te lo lavas? a mí si. Entonces el suavizante ¿cuándo te lo das, antes o después de lavarte el pelo? Si fuera antes, con el agua lo perderías todo, y si es después, ya no hace falta, porque el pelo ya está suave. Supongo que será durante, así se mezcla con el champú.

Otro bote de - champú con acondicionador- me sugiere un producto con buena temperatura en verano y en invierno. - Gel de baño -. Hombre, eso si me suena, es para lavarse. Aunque no está tan claro porque leo en otro bote - gel de ducha - y en un tercero – gel de baño y ducha - ¿Habrá diferencia entre ellos? ¿Será muy estricto su uso? yo sólo tengo uno, pero como yo sólo me ducho… espero que alguien haya pensado en esto. Un bote bajito con la cara pintada de azul eléctrico, y una cuenzima sobresaliente, mientras me sonríe, me permite leer – crema antiarrugas - ¿Yo no tengo arrugas? ¿Las mías no tienen arreglo? Si las tengo ¿Tengo que quitármelas?. ¡qué lío!

–Crema de noche- ¿Existe la crema de día? ¿Habrá también de tarde? Si no hay, seguro que sería un buen negocio. Quien se pone crema de día y de noche, ¿porqué no se pondría crema de tarde?. El vapor se va desvaneciendo, aunque yo sigo respirando perfumes que se mezclan gozosos en mi pituitaria. –Rimmel – (perdón por la publicidad) sombra de ojos. Esto creo que es para dar ¿volumen? ¿A un pelo se le puede dar volumen? Aunque pueda parecer que es para estirar las pestañas y darles mayor longitud, no es así.

Existen unas tenacillas que parecen de tortura que sirven para curvarlas, lo cual me parece contradictorio. –Desodorante íntimo- Yo no tengo desodorante íntimo. ¿No tendré intimidad con mi desodorante? ¿Cómo me daría yo desodorante y dónde? Menos mal que no tengo que contestar estas preguntas, ¡uf!. Varias columnas blancas de suelo a techo, ocupan medio armario – Papel higiénico - ¿será necesario tener doce rollos en el mismo sitio? (los he contado ¿eh?). Yo sólo tengo dos y me sobra. Cuando se acaba voy a por mas. Niños y niñas como lápices de colores han quedado por el mármol diseminados. Unos finitos y largos otros más gruesos y rechonchos. ¿dónde aprenderán las mujeres cuál usar y de qué grosor? Estas y otras técnicas parecidas se deben aprender en las largas horas de cuarto de baño, con explicaciones teóricas y clases prácticas. Digo yo. La sección de celulosa es abundante.

Paquetitos plásticos de similar tamaño y de diferentes colores, ofrecen toda una posibilidad de protección. ¿No éramos nosotros los que sufríamos pérdidas de orina? Pues no. Creo que si fabricaran compresas para hombres, no las usaríamos. Hay todo tipo de celulosa y para diferentes situaciones. Salva slip ¿slip no era calzoncillo? plegadas, con alas, sin ellas, para mas flujo, para menos, día, noche, noche y día, súper normal, extra, adaptables al tipo de ropa interior. Si consideramos el tanga como ropa interior, ¿llevan los tangas salva slip al menos? ¿cómo son?. Lo digo porque yo, los tangas de casa los tiendo de la etiqueta, que parece la parte más compacta y menos comprometida de poner en contacto con la cuerda de tender.

Una colección parecida, aunque en cajas un poco más largas, se me ofrece al otro lado del armarito. Encima de la sección de papel higiénico. Un bote sentado con pantalón rojo y cabeza espatulada, tiene pintadas unas manos en su cuerpo. – crema de manos -. Al lado otro de – manos y uñas -. ¿si te das en las uñas crema de las manos, pasa algo? Si no sucede nada. ¿Porqué no hacer sólo una crema?. A su lado está la crema con tapa blanca y azul, la de toda la vida, la que antes se utilizaba para todo. ¿Ya no sirve? ¿porqué sigue existiendo entonces?.

–Crema de contorno de ojos - ¿esto es lo mismo que la sombra de ojos? o ¿sólo sirve para realzar las ojeras?. - Perfilador de ojos- - perfilador de labios- Esto imagino que será por si te sales al pintarte. Harán como en las carreteras. Primero pintan el borde de la señalización y luego las rellenan de pintura.

Veo un gorro de plástico con una goma. Si no quieres mojarte el pelo, con bajar la ducha un poco está todo solucionado. Aunque es muy útil. Yo lo usé el verano pasado para pintar y luego tuve que decir que lo había roto, no fui capaz de lavarlo, se rompía al restregarlo con el cepillo de las uñas.

Creo que no puedo hacer una comparación con mi cuarto de baño. El mío es más pequeño y sobre todo me apaño con menos cosas, que no se si serán necesarias para la vida diaria. Salgo del cuarto de baño, medio mareado de tanto perfume y no sé si lo que he visto es real, pero no me atrevería a jurarlo.

Cuando vuelvan las bolsas de los italianos de moda, acompañando a mi familia a casa, se me habrá quitado este mareo y estaré leyendo feliz. Aunque pensándolo bien…

Si el primer secreto de la belleza es la limpieza, también se dice que para presumir hay que sufrir, el tercero podría ser “no voy maquillada”. ¿Y el cuarto?…

Nunca debí descubrir el cuarto secreto.

20/09/08

Viaje con el sol

Acompañamos al sol durante todo el día. Aún no había salido y nuestros pasos le indicarían el camino entre olivos bajos y chopos a lo largo del río. Mi padre serio, preocupado y decidido como nunca, abría la marcha con el mulo negro que había en casa desde que yo recuerdo. Mi madre, enferma desde hacía años, sostenía las riendas del carro que nos habían dejado mis abuelos que estaban en mejor posición que nosotros. El inicio de la marcha fue el final de la conversación del escaso desayuno. Mi padre nos contó algo sobre las fiebres de mi madre y el esfuerzo que para todos suponía hacer aquel viaje. En un principio nuestras sombras nos precedían; durante casi todo el día fueron aplastándonos ayudadas por el bochornoso sol, y al poco de comenzar a molestarnos y hacernos inclinar aún más nuestras cabezas, llegamos a la aldea. Mi madre tenía la cara triste y resignada. En el fondo creo que pensaba que sus males no tenían solución.

Paco, que así se llamaba mi padre, había hablado con el amo. Le devolvió la casa que nos vendió en ruinas cuando llegamos a estas tierras y que ahora parecía la del capataz. Le aseguró que, con mi madre sana, en la próxima cosecha redoblaríamos esfuerzos y sería para él la mejor en mucho tiempo. Además le pidió prestados unos reales para el viaje.

Todo esto lo comentábamos mis dos hermanas y yo en el carro mientras la mula torda parecía pillar todos los baches del camino. Ellas tapadas hasta el cuello y con un pañuelo en la cabeza y yo con chaqueta de pana, gorra. La llegada a la aldea suponía el fin del traqueteo de todo el día, y comenzaba por fin la actividad de mis dobladas piernas.

Mi padre mandó parar a Riela y me miró. Salté despacio del carro y cogí el ramal de la mula, siguiéndole en la entrada a la aldea. La sombra del mulo de mi padre, me ocultaba el sol que se disponía a descansar como nosotros. Una bajada suave que partía del camino nos llevó hasta un riachuelo maloliente que conducía hasta el centro de la plaza. Allí había un abrevadero y paramos para que las bestias bebieran.

-Paco “El Seco”- oí decir en voz baja a algunos hombres que se paraban con sus animales a beber. Venían hasta donde estaba mi padre, se estrechaban seriamente la mano, y con un movimiento de cejas hacia arriba, seguían su camino. Todos parecían conocer la enfermedad de mi madre, y la miraban con compasión. Mi padre agradecía con una leve inclinación de cabeza. Seguimos bajando aún un trecho más hasta las cuadras. Mí padre se bajó, habló con el dueño y convino un precio. Mis hermanas y yo dormiríamos en el carro desenganchado.

Mi padre y otro hombre, ayudaron a mi madre a bajar del carro. Los tres se dirigieron a la casa a esperar su turno. ¡Por fin ha venido Paco “El Seco”! comentaban desconocidos en distintos corrillos. -A ver si el Santón puede hacer aún algo por ella- comentaban con desesperanza. Después me dormí.

26/07/07

Hete aquí

Aquí estás de nuevo en tu prisión voluntaria, sin mas carcelero que tu anhelo ni mas compañía que tu soledad. Te acuestas con el sol, pero mientras él da la vuelta para ofrecernos otro amanecer, tu esperas con los ojos abiertos a que salga para volver a desesperar un día mas. Envíale una carta y confiesa tus sentimientos, deja tu alma tranquila. Quizás a ella le sirva de sufrimiento, pero tienes que dejarla decidir qué quiere hacer con el resto de su vida. Sal, no sólo a pasear por los álamos del río, que te evocan su cuerpo delgado, su cara blanca, o a escuchar el crujir de las hojas secas que te susurran como su voz apagada, sal e intenta vivir, no te alimentes sólo de lágrimas saladas, de ensoñaciones dulces, de ácida desesperanza, de amarga pasividad, mientras tu vivas hijo, yo tendré esperanza. No pienses que sólo tú sufres; te veo volver los atardeceres, sabiendo que has salido al alba y adivino en tus ojos secos y tu expresión lánguida que aún sigues pensando en ella. Siento en el corazón la tristeza de tu alma, la debilidad de tu cuerpo y comparto contigo ese futuro incierto al que no veo salida. Quiero ofrecerte ese apoyo que tu pareces no percibir. Sé que es difícil, pero quiero estar ahí por si me necesitas, por si un día decides llorar en casa que no te encuentres solo, sin nadie a quien mirar e intentar explicar tu llanto, no quiero verte con esa pena, por eso canto y río a tu alrededor como si todo fuera a salir bien, como si sólo de un mal pasajero se tratara, aunque sé que eso nunca sucederá. Lo peor vendrá cuando la esperanza se convierta en imposible. Tu mueres de amor, ella de enfermedad, yo de pena.